Calzado de segunda mano para niños: ¿sí o no?
Cuando los niños crecen rápido, los zapatos se quedan pequeños en cuestión de meses. Es tentador aprovechar el calzado que ya no usa un sobrino, el hijo de una amiga o lo que encontramos en el mercadillo. Pero, ¿es realmente buena idea?
Desde la consulta de podología en Málaga, esta pregunta me la hacen con frecuencia. Y la respuesta, aunque depende de algunos factores, suele ser la misma: con el calzado infantil es mejor no arriesgarse.
¿Por qué el calzado usado puede ser un problema?
El pie de un niño es moldeable. Durante los primeros años de vida, los huesos no están completamente osificados y el tejido es aún blando y susceptible a las presiones externas. Esto significa que un zapato que ha sido usado por otro niño ha adoptado la forma del pie de ese niño, su huella, su pisada y sus particularidades.
Al ponerse ese calzado, el nuevo usuario no empieza desde cero: hereda una deformación de la suela y del interior que puede condicionar negativamente la pisada y el desarrollo de su propio pie.

La huella que deja cada pie
Cuando caminamos, el calzado se desgasta de forma específica según nuestra pisada. Un niño con pronación (pie que cae hacia dentro) desgasta el interior de la suela. Uno con supinación, el exterior. Cada niño desgasta el calzado de forma diferente.
Ese desgaste, aunque no siempre se aprecia a simple vista, está ahí. Y cuando otro niño calza ese zapato, su pie se adapta involuntariamente a esa pisada ajena, lo que puede generar compensaciones posturales innecesarias.
¿Hay alguna excepción?
Sí. No todo calzado usado es igual de problemático. Hay situaciones en las que puede ser aceptable:
• Zapatos prácticamente nuevos, con muy poco uso y sin desgaste apreciable en la suela.
• Botas o calzado rígido de uso puntual (botas de agua, calzado de disfraz…) que no afectan al desarrollo diario.
• Calzado usado por el mismo niño de un año para otro, si el pie no ha crecido demasiado y el estado es bueno.
En cambio, el calzado de uso diario, las zapatillas de deporte o el calzado escolar nunca deberían ser de segunda mano si queremos cuidar bien el pie del niño.

¿Qué buscar en un calzado nuevo para niños?
Aprovechar para recordar qué características debe tener un buen calzado infantil:
• Puntera ancha que permita mover los dedos con libertad.
• Suela flexible pero con cierta consistencia, que acompañe el movimiento natural del pie.
• Trasera ajustable, que evite deslizamientos y salidas accidentales.
• Cierre ajustable (velcro o cordón) para asegurar el pie dentro del zapato.
• Talla correcta: entre 1 y 1,5 cm de espacio desde el dedo más largo hasta el final del zapato.
Conclusión
El calzado de segunda mano puede parecer una solución económica, pero cuando hablamos de niños en pleno desarrollo, la inversión en calzado adecuado es una inversión en su salud.
Si tienes dudas sobre cómo está pisando tu hijo o qué calzado le conviene, en nuestra clínica de podología en Málaga podemos orientarte con una valoración completa y personalizada. Pide tu cita y lo vemos juntos.
